Algunos reveces y una gran victoria (1920
– 1938)
EL 21
de mayo de 1920, el presidente Venustiano Carranza fue asesinado cuando
pretendía llegar con al puerto de Veracruz para organizar, desde ahí, la
resistencia contra la sublevación de un grupo de sonorenses por imponer en la
presidencia al general Álvaro Obregón. La historiografía considera al año de
1920 como fin de la etapa armada de la Revolución Mexicana y el principio de la
institucionalización del nuevo régimen, un proceso bastante accidentado que
culminó con la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940).
La
muerte de Venustiano Carranza, dio paso a una nueva forma de controlar al país
a base de del institucionalismo. La revolución propició el nacionalismo en la
relación de México con los países que dominaban la producción petrolera:
Estados Unidos y Gran Bretaña. El presidente Lázaro Cárdenas reorganizó la
política en el país para unificar a todas las clases y poder brindar un sostén
sólido que pudiera hacer frente a los intereses extranjeros (estadounidenses,
de reino unido y anglo-holandeses). Dando así con la creación, en 1929, de un
gran partido político que aglutinó a los grupos revolucionarios, la
profesionalización del ejército y la formación de grandes centrales campesinas
y obreras de carácter nacional leales a la figura presidencial.
La
caída en el precio de petróleo crudo a nivel mundial coincidió en México con la
baja de la producción en los campos petroleros. Esta caída de producción se
debió a la sobreexplotación de los campos petroleros. Por lo que la perforación
de pozos de exploración aumento entre 1921-1926, pero ningún hallazgo sustituyo
a la perdida de rendimiento en la “Faja de Oro”. Al iniciarse los años 30 se
hizo un nuevo hallazgo en Veracruz: “Poza rica” aumentando nuevamente la
producción.
Una
de las empresas nuevas que apareció en el período fue Petromex, S.A. La
importancia de Petromex, creada en 1934 a iniciativa del gobierno del general
Abelardo L. Rodríguez, radica en que fue una empresa de capital nacional
público y privado, cuyo objetivo era usar los terrenos federales cercanos a los
campos petroleros explotados por las empresas extranjeras, para dar al gobierno
una participación directa en la producción de petróleo y para competir con las
empresas extranjeras en el abasto del mercado interno y obligarlas a bajar el
precio de sus productos.
En
1930 “El Aguila2 inicio la construcción de un oleoducto desde Palma Sola
(Veracruz) hasta la refinería de Azcapotzalco (Ciudad de México) cuyo objetivo
era abastecer el mercado interno. En el principio la actividad petrolera
mexicana tenía como fin el abastecimiento interno de este, pero después de 1910
las intenciones pasaron a la exportación del combustible.
El 26
de diciembre de 1927, Calles suprimió la limitación temporal de los derechos
confirmatorios a todas las empresas que hubieran iniciado trabajos de explotación
petrolera antes de 1917. Las empresas petroleras quedaron inconformes con la
nueva legislación, solo estarían conformes con la eliminación de los títulos
“acto positivo” y “concesiones”.
Las
empresas se vieron obligadas a cambiar sus títulos de propiedad por
“concesiones”, pero jamás se terminó de hacer el cambio de registro de las
propiedades. Esta situación se detuvo hasta que Lázaro Cárdenas asumió el poder
en 1934 con su Plan Sexenal en el cual proponía una política nacionalista para
salvar los terrenos petroleros que disputaban los países extranjeros. La
Secretaria de Economía Nacional comenzó a elaborar una ley de expropiación de
utilidad política, en febrero de 1935. El Congreso aprobó una ley que
autorizaba al gobierno mexicano expropiar las propiedades privadas solo pagando
su valor fiscal en un plazo de 10 años.
Por
entonces acababa de surgir el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la
República Mexicana (STPRM), el cual unió a más de 18 000 trabajadores., y se
sumó al frente obrero que había formado la CTM en apoyo al gobierno. Dicho
sindicato exigía varias demandas a las empresas extranjeras, a lo que el
gobierno estadounidense protestó, lo que llevó a un punto muerto y surgió la
amenaza de una huelga. El futuro de esta industria dependía del resultado de la
lucha política en que se habían enfrascado empresas y gobierno.
A
raíz de la decisión de la Suprema Corte del 12 de marzo, los representantes de
las compañías petroleras ofrecieron cumplir con los términos económicos de la
resolución de las autoridades del trabajo, pero siempre y cuando se modificaran
los términos de la contratación del personal de confianza y se les dieran
ciertas garantías para la política laboral futura. El 17 de marzo los
trabajadores prácticamente detuvieron las actividades en la industria; al día
siguiente, las autoridades declararon terminada la relación laboral entre las
empresas petroleras y el STPRM, y el sindicato anunció entonces la huelga total
a partir de la medianoche. Pese a todo, las empresas siguieron considerando que
las autoridades mexicanas y el STPRM no estaban en capacidad de hacerse cargo
directamente de las operaciones petroleras, y que tarde o temprano se llegaría
a un arreglo. Sin embargo, el general Cárdenas se había preparado desde días atrás
para una solución definitiva: la expropiación.
El
presidente reunió a su gabinete el 18 de marzo y le informó su decisión de
solucionar de raíz el añejo conflicto entre el régimen de la revolución y las
empresas petroleras extranjeras. A las 21:45 horas de ese día, Lázaro Cárdenas
firmó el acta de expropiación, y un cuarto de hora más tarde, dio lectura por
la radio al decreto, cuya base legal fueron el artículo 27 constitucional y la
ley de expropiación del 23 de noviembre de 1936.65 Según el mensaje presidencial,
la expropiación por causa de utilidad pública de todos los bienes muebles e
inmuebles de las 16 empresas petroleras que se habían negado a acatar el fallo
de las cortes mexicanas era una medida necesaria para evitar que las decisiones
de los más altos tribunales mexicanos fueran anuladas por la sola voluntad de
una de las partes mediante el simple expediente de declararse insolvente. De no
haberse tomado la decisión expropiatoria, la soberanía nacional hubiera quedado
a merced de las maniobras del capital.
El
7 de junio de 1938, el gobierno estableció dos instituciones públicas para que
se hicieran cargo del petróleo: PEMEX y la Distribuidora de Petróleos
Mexicanos. Se mantenía la Administración General del Petróleo Nacional, que
tenía un representante en cada uno de los consejos de directores de las dos
empresas. Vicente Cortés Herrera fue el director de PEMEX y Jesús Silva Herzog
el de la Distribuidora.La STPRM se adhirió a la organización copula recién
creada: la confederación de trabajadores de México (CTM), uno de los puntales
del gobierno cardenista.
Imagen 1. Mapa mental de la
lectura “Algunos reveces y una gran victoria” (Elaboración propia)
La expropiación echa raíces (1938 – 1946)
El año
de 1938 fue la cúspide de las reformas cardenistas; se dio lugar a la reforma
del partido del Estado (PRM). Y tuvo cuatro sectores sobresalientes: el obrero,
el campesino, el popular y el militar. El gobierno creo la Confederación Nacional
Campesina (CTM), organización de campesinos que logro la alianza entre
campesinos y el nuevo régimen. Sin embargo, ya no pudo el presidente usar este
impresionante aparato político para llevar adelante su proyecto de reformas y
asegurar su continuidad en el siguiente sexenio.
El 7
de junio de 1938 el gobierno estableció dos instituciones públicas para que se
hicieran cargo del petróleo: PEMEX y la Distribuidora de Petróleos Mexicanos;
la primera se encargaría de la producción y la segunda de la comercialización
de los productos. El 8 de agosto de 1940 una orden presidencial centralizó toda
la responsabilidad del manejo de la industria en manos de PEMEX.
La
industrialización basada en la sustitución de importaciones fue el proyecto
político que reemplazo al cardenismo. En este proyecto de industrialización se
asignó al petróleo nacional proporcionar energía barata que el país necesitaba.
La industria petrolera fue declarada de utilidad pública, por lo cual PEMEX
adquirió la preferencia sobre el uso del suelo, la ley también señaló que
podían explotar el petróleo dependencias o empresas gubernamentales, o
particulares, pero siempre que fueran mexicanas. El primer problema de PEMEX
fue encontrar la forma de colocar en el mercado externo parte de la producción que
no se consumía internamente. Las empresas expropiadas declararon ilegal e
ilegítima la acción del gobierno mexicano y rehusaron adquirir petróleo
mexicano.
Al
estallar la segunda Guerra Mundial en 1939 Estados Unidos se unió al conflicto
mundial, apoyando a Inglaterra contra Alemania. Estados Unidos comenzó a
requerir de los petróleos mexicanos ocasionando un conflicto entre México y
Alemania. La industria petrolera en México pudo salir adelante a pesar de los
problemas, y no por la exportación del combustible, sino por la baja de
producción y un aumento en el consumo interno. PEMEX ofrecía sus productos en
el mercado interno a un precio muy bajo, debido a los decretos para fijar el
precio de los productos. Estos precios provocaron que el consumo fuese más
grande por el beneficio a la economía, aunque no para PEMEX quien enfrentaba
una crisis. El gobierno mexicano apoyo a PEMEX ante su crisis económica. Hasta
1946 PEMEX pago menos impuestos de lo que pagaban las empresas extranjeras a
partir de 1934.
Los trabajadores
dirigieron la transición de la industria petrolera de privada a pública. Pese a
esto los dirigentes pensaban que ellos debían llevar la administración de la
industria y lo propusieron al presidente (Cárdenas), pero el gobierno no cedió
ante la petición, ya que la industria petrolera era de interés nacional. Por lo
que Cárdenas tuvo que crear un concejo que representara a los obreros. La
crisis petrolera tras la expropiación hizo imposible para PEMEX cumplir con las
demandas de los trabajadores, lo que ocasionó un conflicto entre el sindicato y
la empresa. Hubo paros y acusaciones mutuas, por lo que en 1939 Cárdenas
intento reorganizar la industria, pero el STPRM se negó, debido a que el
gobierno tenía intenciones de reducir el número de trabajadores que había
aumentado casi el doble en un año.
En
1940 hubo otra disputa entre los administradores de PEMEX, debido a la idea de
reducción de trabajadores y el incumplimiento de los términos en el laudo. Por
lo que el presidente exigió la reducción del personal y se le diera a la
directiva el control sobre los empleados. Los representantes de los
trabajadores rechazaron la propuesta presidencial e idearon un proyecto donde
no hubiera recorte de personal dando a los trabajadores el mandato de PEMEX.
En
julio, la dirección presento a las autoridades una queja contra STPRM por el
desorden económico que estos causaban, y en noviembre las empresas podían
despedir al personal recién contratado. Cuando Cárdenas dejo la presidencia,
los conflictos entre el sindicato y la empresa seguían; los paros continuaron y
en 1941 el presidente Ávila Camacho envió a Poza Rica seguridad para el buen
rendimiento de la industria. En 1942 se firmó el primer contrato colectivo.
Las
negociaciones con el Grupo Sinclair no fueron fáciles, pero el 1o. de mayo de
1940 se anunció que las partes habían llegado a un arreglo: México entregarla a
la empresa 8 000 000 de dólares en tres anualidades y petróleo crudo
contabilizado a un precio menor que el del mercado internacional, hasta
completar el equivalente a 20 000 000 de dólares. Poco tiempo después, se
concertó otro arreglo en términos similares con un grupo de importancia
secundaria, el de la City Services, pero que políticamente sirvió para que
México reafirmara su posición ante el Departamento de Estado.
La
resignación llegó por fin a la Standard: en octubre de 1943, esta empresa y
otros intereses menores informaron a México su decisión de negociar el monto de
la indemnización según el acuerdo de 1942. El arreglo se suscribió un mes más
tarde: México se comprometió a pagarles, incluidos los intereses, 30 000 000 de
dólares entre 1943 y 1947.44 Formalmente, el problema petrolero con los Estados
Unidos quedó concluido, y las anualidades acordadas se cubrieron de la manera
convenida.
Vincent
Charles Illing, negociador británico, llegó a México en 1947 en cierto secreto
y armado con estos cálculos: el valor de las instalaciones y todos los bienes
en la superficie de "El Águila" era de 76 312 585 dólares y el del
petróleo aún en el subsuelo, 310 260 000 dólares.47 Illing propuso en pago
global de 257 000 000 de dólares y Antonio J. Bermúdez, director de PEMEX, le
ofreció únicamente 43.9 millones. Sin embargo, rápidamente se llegó a una cifra
que aceptaron las dos partes: 81 250 000 dólares a pagarse en 15 años, con 3%
de interés que empezaría a correr desde la expropiación, lo que finalmente
daría un gran total de 130 339 000 dólares. El acuerdo se firmó el 29 de agosto
de 1947 y con él se cerró, al fin, el conflictivo ciclo de inversión extranjera
directa en la industria petrolera mexicana.
En
1949 México firmó los primeros "contratos riesgo”. Estos eran acuerdos
entre PEMEX y pequeñas empresas estadounidenses que explorarían y perforarían
pozos en zonas previamente acordadas, y, si éstas eran productivas, PEMEX se
encargaría de su explotación, pero otorgaría a la empresa una participación
equivalente a 15 o 18% del valor del combustible. Se firmaron contratos con 16
empresas, pero sólo se llevaron a la práctica cuatro. PEMEX consiguió más
adelante recursos externos, que no comprometieron su calidad de responsable
único del desarrollo petrolero mexicano, y entre 1969 y 1970 pudo, sin mayores
dificultades económicas o políticas, rescindir los contratos riesgo. Para
entonces ya nadie pensaba en el regreso de los expropiados.
Imagen 2. Mapa mental de la
lectura “La expropiación echa raíces” (Elaboración propia)


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